BREVE ANÁLISIS DEL LIBRO The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial Process, DE SUSAN BERK-SELINGSON, 2002.

Susan Berk-Seligson (Ph.D. en Lingüística de la Universidad de Arizona, 1979) es Profesora de Lingüística Española, Afiliada de la Facultad en el Centro de Estudios Latinoamericanos, e investigadora asociada en el Proyecto de Opinión Pública de América Latina. Con una vasta experiencia en estudios de lingüística aplicada, es la autora del libro The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial Process, 1990 y 2002, The University of Chicago Press, libro que fue reconocido con el premio “libro destacado en el campo de la lingüística aplicada” otorgado por la Asociación Británica de Lingüística Aplicada, y nominado para los Premios de Literatura Legal Scribes por la American Bar Association.

Este libro es la publicación del estudio que la autora realizó sobre el rol de los intérpretes jurados en los procesos judiciales dentro de las salas de los tribunales americanos, enfocándose en el par de idiomas inglés-español, debido a que representan más del 90% de ocurrencia en todos los juzgados federales, estatales y municipales estudiados, y en los que intervinieron estos profesionales de los idiomas. A continuación se presenta un breve análisis sobre este libro y algunos de los esclarecedores hallazgos que demuestra como una aproximación a cómo el lenguaje oral en el ámbito legal de los tribunales americanos se ve influenciado por la intervención de un intérprete jurado en diferentes procedimientos legales para los acusados, los testigos, los jurados, los jueces y los abogados.

La autora considera que para estudiar el lenguaje de la corte, es imprescindible definir cómo es este lenguaje. Por lo tanto, revisa las clasificaciones del lenguaje escrito y oral, pues comenta que el escrito es generalmente más formal y rígido que el oral; y que hay incluso diferencias en el uso del lenguaje oral en los diferentes ámbitos de la vida del ser humano, cuando se relaciona con sus familiares, amigos, compañeros de trabajo, escuela, autoridades, jefes, además de que difieren también en función de la edad, sexo, nivel educativo, ingresos, etc. Estos factores afectan el estilo que un mismo individuo utiliza cuando se desenvuelve en su lenguaje oral ante las diferentes situaciones cotidianas. Así, comenta Berk-Seligson (2002), un juez puede utilizar un estilo muy ritualizado y formal para dar instrucciones a un jurado de cómo llegar a un veredicto, pero usaría un estilo un nivel menos formal para hablar con los testigos o posibles jurados en el voire dire, y aún menos formal con su secretaria en privado en su despacho. La autora utiliza varias clasificaciones de distintos autores para mostrar la evolución en el estudio de estas categorías de lenguajes, entre los cuales ella cita a:

  • Martin Joos (1967) clasifica los estilos del idioma inglés como sigue:
    • Frío: que se utiliza para declamar o para imprimir. No admite interlocutor y es un lenguaje de compleja construcción gramatical. Por ejemplo, el Código de Responsabilidad Profesional para Intérpretes Jurados y Traductores Legales[1]:

Enforcement: A court interpreter or legal translator who violates any of the provisions of this code is subject to the charge of contempt, disciplinary action or any other sanction that may be imposed by law”.

En este fragmento no se evidencia el deseo de interacción con un interlocutor, sino que, por el contrario, está emitiendo una advertencia para aquel intérprete que viole las provisiones de dicho código. La construcción gramatical es de estructura compleja.

  • Formal: se caracteriza por ser imparcial y cohesivo. Requiere de planificación previa y se pronuncia ante un público cautivo. Por lo general, tampoco hay interacción del interlocutor. Las oraciones mantienen una estructura elaborada y su propósito es el de informar. No admite elipsis, como las omisiones:

“PROSECUTING ATTORNEY: Sir, would you state your name, please?

INTERPRETER: Señor, dé su nombre por favor.

WITNESS: Roberto Quesada Murillo.

INTERPRETER: Roberto Quesada Murillo.

PROSECUTING ATTORNEY: Where were you born?

INTERPRETER: ¿En dónde nació?

WITNESS: En Saltillo.

INTERPRETER: In Saltillo.

PROSECUTING ATTOURNEY: And of what country are you a citizen?

INTERPRETER: ¿De qué país es usted ciudadano?[2]

En este caso, la conversación es formal, pues el propósito de este diálogo es el de informar y hay un plan preestablecido para las preguntas que realiza el fiscal al testigo.

  • Consultivo: es el estilo de conversación que ocurre entre extraños, provee información sobre antecedentes para clarificar el significado de lo que se expresa, es más informal y el interlocutor interviene de manera continua. No es planificado. Por ejemplo:

“PROSECUTING ATTORNEY: And where were you born?

INTERPRETER: ¿En qué lugar nació Ud.?

WITNESS: En Michoacán.

INTERPRETER: In Michoacán.

PROSECUTING ATTORNEY: And that’s also in Mexico?

INTERPRETER: ¿Y eso se, ese lugar se encuentra ubicado en México?

WITNESS: Sí.

INTERPTETER: Yes.

PROSECUTING ATTORNEY: Are you a citizen of the United States?

INTERPRETER: ¿Es Ud. Ciudadano de los Estados Unidos?

WITNESS: ¿Ciudadano? ¿Qué es ciudadano?

INTERPRETER: What do you mean “citizen”?

PROSECUTING ATTORNEY: Do you have any papers that would allow you to remain in the United States?

INTERPRETER: ¿Tiene Ud. algún documento o papel que le autorice a estar aquí en los Estados Unidos?

WITNESS: No.

INTERPRETER: No.”[3]

En este caso, el abogado está indagando sobre detalles del origen de la persona que está siendo interrogada.

  • Casual: es el estilo usado entre amigos y conocidos, no provee antecedentes y no espera la interacción de quien escucha. Admite elipsis, se “come” algunas palabras o sonidos. Por ejemplo:

“PROSECUTING ATTORNEY: What about your wallet?

INTERPRETER: ¿Y de su cartera?

WITNESS: Pues, pues con todo y todo, se llevaron todo, pss todo.

INTERPRETER: Yeah, they took everything, everything with it.”[4]

  • Íntimo: estilo mucho más elíptico que el casual. Utiliza declamaciones como “¡Ajá!” a modo de una oración afirmativa completa. A pesar de que este lenguaje no es frecuentemente escuchado en salas de juicio, interjecciones como “¡Ajá!” son frecuentemente escuchadas en ellas. Este estilo es frecuentemente utilizado entre los miembros del jurado. Sin embargo, en el siguiente ejemplo, se puede observar que el testigo tiene mucha confianza en responder lo que se le pregunta:

“WITNESS: Cuando entraron los otros, las otras personas, yo no les vi la cara, señor, yo no me di cuenta.

INTERPRETER: When the others entered, the other persons, I did not see their faces, I did not notice them.

WITNESS: Exacto, así fue,…mhm. Fíjense. (Exactly; that’s how it was. Mhm. Imagine!)”[5]

Las palabras “mhm” y “Fíjense” son muy familiares, y aun así, están presentes en el testimonio de este testigo.

  • Legalese o Legal English: la autora incluye esta distinción en el lenguaje jurídico que se utiliza en inglés. Y dentro de este lenguaje jurídico o jerga, diferencia entre el lenguaje escrito y el oral, con la ayuda de algunos autores, para también dejar en claro que los estudios que sobre este tema se han realizado, han sido primordialmente de lenguaje escrito, que se toma de los apuntes realizados por el escribiente del juicio o del procedimiento, pero que, al ser escrito, aunque sea una transcripción, no es oral. También menciona que Legalese se refiere específicamente al registro del lenguaje jurídico utilizado por los profesionales y autoridades de la ley en cada procedimiento. Por ejemplo:

“5.1 JUDGE: All right. Now the defendant before you is Mr. Juan Carlos Ortega. Would you mind standing up? [pause] And also face these folks back here. All right, thank you. Uh, the, uh, defendant is represented by Mr. John Turner, T-U-R-N-E-R. Any of you know Mr. Turner? And now, sitting with, uh the defendant, Mr. Ortega, Mrs. Alicia Calderón, who’s the interpreter,…Spanish interpreter. All right, now the government is represented by Mr. William M. Donelly, and he’s an assistant United States Attorney here in the First district of El Paso. Sitting with him is a drug enforcement agent, Miss Kelly Porter. Uh, any of you know either of them?”[6]

A pesar de no tener gran cantidad de términos jurídicos, esta presentación que realiza el juez incluye términos como “defendant”, “represented by”, “the goverment is represented by”, entre otros, los cuales son característicos del Legal English o Legalese, puesto que son términos que solo se utilizan en el ámbito jurídico.

  • Danet (1980) menciona que el Legal English tiene tres características que lo tipifican:
    • Léxico, tiene 9 rasgos característicos:
      • Términos técnicos: “defendant”, “prosecutor”.
      • Términos comunes con significados no comunes: “plea” con significado de cómo se declara; “charge” con significado de “cargos” de los que ha sido acusado.
      • Palabras cuyo origen es latín, francés o inglés antiguo: habeas corpus, incontinenti, voire dire, etc.
      • Palabras polisílabas: “collateral”.
      • Frases preposicionales inusuales: “in the event of default”.
      • Dobletes: “will and testament”.
      • Formalidad: el uso frecuente de la palabra “shall”.
      • Imprecisión: como en la frase “all the rights and remedies available”.
      • Precisión excesiva: “all”, “none”.
    • Sintaxis, tiene 11 rasgos característicos:
      • Nominalizaciones: “make assignment” en lugar de “assign”.
      • Construcciones pasivas: “may be provided by law”.
      • Condicionales: “in the event of default” en lugar de “if”.
      • Anáforas inusuales, especialmente refiriéndose a sustantivos mencionados anteriormente.
      • Omisión del pronombre relativo.
      • Alta frecuencia de frases preposicionales y su inusual ubicación entre el sujeto y el predicado: “a right…(at its option) without demand or notice of any kind, to declare…”
      • Oraciones muy largas de hasta un párrafo con más de 20 líneas de longitud.
      • Determinantes únicos: “such”, “said”.
      • Impersonalidad: “the party”.
      • Vasta variedad de palabras de negación: “never”, “unless”, “except”, etc.
      • Estructura paralela: “now or hereafter”.
    • Discurso, tiene 2 rasgos característicos:
      • Falta de cohesión, debido al uso limitado de las anáforas, lo que hace parecer como una lista de oraciones acordonadas unas a otras, similares a las que aparecen en los cuentos infantiles.
      • El Legal English es extremadamente compacto: son oraciones con mucha información que no son replanteadas más adelante para que el lector tenga tiempo de asimilarlas.

Esta última clasificación resume la dificultad de comprensión del Legal English para los lectores comunes, lo que ha traído como consecuencia que muchas quejas se hayan suscitado en el tiempo, y que varios estudiosos se hayan tomado la tarea de demostrar que el léxico inusual unido a los factores sintácticos característicos de esta subclase de lenguaje, reduce significativamente la comprensión en oposición a cuando se utiliza un lenguaje con palabras comunes. Aún de esto hay discusiones entre los que defienden al léxico jurídico para que permanezca arcaico, derivado de la necesidad de precisión y de ausencia de ambigüedades en este tipo de lenguaje, que requiere de estos mecanismos lingüísticos para lograr este propósito, en contraposición a aquellos que se han levantado la tarea de mostrar la necesidad de reformar el Legalese, de manera de que sea más inteligible para el público en general.

Hasta ahora, estas características y discusiones se han suscitado sobre el lenguaje jurídico escrito en inglés. Sin embargo, en cuanto al lenguaje oral en este mismo ámbito, muy pocos estudios se han realizado. La autora toma la clasificación que O’Barr (1982) ha realizado para clasificar el lenguaje oral en la sala de juicios, de manera de poder estudiarlo más a fondo y evitar generalizaciones. Realiza, por tanto, una clasificación como sigue basada en la observación etnográfica:

  • Inglés legal formal: como el utilizado por el juez al iniciar un juicio y presentar las partes.
  • Inglés estándar: el utilizado para los interrogatorios a la mayoría de los testigos que no son especialistas.
  • Inglés coloquial: especialmente utilizado por jueces, abogados y testigos muy informales.
  • Variedades sub-culturales: característicos de los acusados y testigos foráneos por su pobre conocimiento del idioma inglés.

Todos estos son considerados registros diferentes y pueden encontrarse en un juzgado para cualquiera de los procedimientos legales que allí tengan lugar. Incluso, un mismo hablante puede utilizar más de uno de estos registros dependiendo de la situación en la que deba expresarse.

Ahora bien, esta variedad de registros o estilos de inglés jurídico o Legalese, permite la manipulación de las impresiones de los actores en la corte, sea para que los hablantes ofrezcan una mejor impresión de sí mismos al tiempo que hacen ver mal a la parte opositora. O’Barr y sus otros colegas encontraron varias formas de manipulación del lenguaje en la corte, como por ejemplo, cuando, en las declaraciones de testigos, se encontraban presentes unos hilos de conversación principalmente característicos de las mujeres, pero que demostraron tener ocurrencia tanto en hombres como en mujeres, podía hacer parecer al testigo menos convincente, menos confiable, menos inteligente, cuando faltaba su discurso en estos hilos de conversación. Así, los abogados tienden a realizar interrogatorios a los testigos que favorecen su causa para que su discurso sea narrativo, y utilizarán interrogatorios de preguntas con respuestas cortas con los testigos de la parte opuesta. De esta manera, comenta Susan Berk-Seligson (2002), O’Barr (1982) realiza un estudio empírico para constatar que efectivamente esto afecta la opinión de los miembros del jurado. Como este ejemplo, se pueden también mencionar otros como el discurso hipercorrecto, y otras técnicas lingüísticas para mitigar o suavizar la fuerza ilocutoria de afirmaciones dañinas. La autora utiliza el ejemplo de Danet (1980) en el que se sustituye la palabra “bebé” por la palabra “feto”. También menciona los usos de la voz pasiva en lugar de la activa, y las nominalizaciones en lugar de las verbalizaciones.

Berk-Seligson (2002) hace mención especial sobre las preguntas y el control que los abogados realizan y ejercen a lo largo del juicio también como herramientas para manipular el curso del juicio a favor de su causa. Por lo que establece niveles de coerción a los siguientes tipos de preguntas, siendo la primera la que ejerce mayor coerción y la última la menos coercitiva:

  1. Oraciones declarativas: “Tu lo hiciste” (“You did it…”).
  2. Preguntas binarias (si o no): “¿Lo hiciste?” (“Did you do it?”)
  3. Las preguntas “wh-”; es decir, que utilizan palabras interrogativas: who, what, when, where, why, how
  4. Las llamadas por Danet y sus colegas, “repreguntas”

Sin embargo, también aclara que la sola forma de la pregunta no es coercitiva, sino que hay otros factores que la hacen coercitiva, como puede ser el estatus de la persona quien la realiza. Por ejemplo, la pregunta que un juez realiza, por su nivel de autoridad, puede ejercer coerción. Para otros tipos de preguntas, como las preguntas inductivas, existen reglas de uso durante un juicio. Esta es una manera que el juez puede utilizar para evitar o controlar la manipulación de los discursos en un momento dado del juicio.

De acuerdo con la autora de The Bilingual Courtroom, 2002, este libro muestra en sus páginas cómo impacta la intervención de un intérprete en el resultado verbal de las preguntas de los abogados y jueces, y las respuestas de los testigos y acusados; que efectivamente interfiere y altera la manera en que los hablantes desean dar sus declaraciones y que lo hacen efectivamente en su lengua origen.

Es interesante que Susan Berk-Seligson (2002) escribe todo un capítulo acerca de la sala de juicios bilingüe, pues para el personal que labora allí, esto no significa diferencia alguna. Todo lo que se registra en ella, se registra en inglés, en ningún otro idioma, y las actividades son regulares como si todos los procedimientos se llevaran a cabo en inglés, solo que, ocasionalmente, hay eventos que suceden en otros idiomas con la intervención de un intérprete. Más aún, hay pueblos en el medio occidente que son lingüísticamente homogéneos en los que es muy raro escuchar que interviene un intérprete en un juicio. En este último caso, si hay un juicio en el que haya una persona que no hable inglés, se llamaría a un familiar que sea bilingüe que pueda servir de intérprete. Por otra parte, las ciudades y regiones que tienen una estructura bilingüe, como el sudeste del país, o que atraen a un gran número de inmigrantes, como Nueva York, Chicago y Los Ángeles, ofrecen una estructura institucionalizada para atender a las comunidades de idiomas foráneos.

Existen estados, como Nuevo México y California, que incluso han establecido las provisiones legales necesarias para ofrecer intérpretes a los habitantes que no hablan inglés durante los procedimientos legales. En las constituciones de estos estados, se encuentra un artículo que garantiza la intervención de un intérprete como una garantía constitucional, en el caso del estado de California, o como una provisión estatutaria, en el caso de Nuevo México. Probablemente, los avances más progresistas en cuanto a legislación de los servicios de intérpretes para los no hablantes de inglés, han sido implementados por el estado de California con la ley A.B. 2400 promulgada en 1978 (Berk-Seligson, 2002). Esta contempla las siguientes cinco provisiones:

  1. La recolecta de datos confiables sobre el uso de intérpretes jurados, de manera de que esta data pueda usarse para la actualización de los servicios de interpretación.
  2. Asignación al Consejo de Personal Estatal del rol para desarrollar el examen de intérpretes jurados.
  3. Publicación de una lista de intérpretes jurados en cada condado para que cada corte pueda seleccionar uno de ellos cuando sea necesario.
  4. Pruebas y certificaciones anuales de intérpretes jurados por parte del Consejo de Personal Estatal.
  5. Facultar al Consejo Judicial para la recolecta, análisis y publicación de estadísticas pertinentes de utilización de intérpretes con comentarios para incluir en el reporte anual de la administración de este estado. Esta última con el fin de determinar las necesidades reales en cuanto a calidad de intérpretes e idiomas en los que son requeridos.

Como consecuencia, es posible que la sentencia de un juicio no sea efectiva, si se comprueba que el convicto no ha gozado del derecho de un intérprete si lo ha requerido, o si ha dejado evidencia de que no tenía conocimiento del idioma inglés para el momento del juicio. En el caso en que la persona que requiera del intérprete no pueda costear sus servicios, las leyes contemplan el deber implícito de ofrecerlo de forma gratuita asumiendo los costos de los honorarios profesionales. Por lo tanto, si un indigente es enjuiciado y requiere de un intérprete de forma gratuita, el estado tiene el deber de proporcionarlo a través de la orden del juez que lleva su caso (Berk-Seligson, 2002).

En términos de derecho consuetudinario, también se ha debatido sobre el derecho del acusado versus el derecho de la corte a un intérprete (Berk-Seligson, 2002). Todo esto con el objetivo de que el acusado tenga un juicio justo. Es tan importante que la corte comprenda lo que el acusado expresa, como lo es que el acusado comprenda todo lo que se diga en el juicio. Cabe destacar que en los juicios solo se registra como legal aquello que es pronunciado en inglés, y no lo que es pronunciado en un idioma extranjero. De allí la importancia de la intervención de un intérprete en la sala de juicios. Ahora bien, en cuanto a la renuncia al derecho del uso de los servicios de un intérprete en un juicio, el acusado tiene derecho a aceptar o renunciar a este derecho; sin embargo, es importante que este comprenda que este derecho existe y que debe dar una respuesta. De lo contrario, es un derecho que implícitamente se le puede asignar derivado de la evidencia que el acusado muestre de no comprender el idioma inglés (Berk-Seligson, 2002).

El estado federal ha establecido medidas para cuidar el debido proceso incluso en los casos en los que el acusado habla un idioma diferente del inglés. Más aún, ha promulgado una Ley de Intérpretes Jurados (The Court Interpreters Act) que fue firmada en el año 1978, la cual tiene el propósito de proveer intérpretes en todos los casos civiles y criminales de todas las cortes de los distritos federales que requieran de este servicio. También contempla un mínimo de uso del español en las cortes de distrito de Puerto Rico. En esta ley, quien determina la necesidad de un intérprete es el juez que lleva el caso, y lo hace para el acusado, para los testigos, o para ambos (Berk-Seligson, 2002).

Según la autora, Susan Berk-Seligson (2002), esta ley contempla programas rigurosos de entrenamiento y el examen para la certificación (Federal Court Interpreters Examination). La responsabilidad de la aplicación de esta ley recae en la oficina administrativa de las cortes de los Estados Unidos de América, la cual también es responsable de establecer las tarifas que se les debe pagar a los intérpretes federales certificados y a los no certificados. La construcción de este examen es sumamente rigurosa, y está en manos de un grupo de especialistas de diferentes ámbitos dentro de las salas de juicios, entre ellos, intérpretes internacionales de conferencias, jueces bilingües de cortes federales, intérpretes jurados, especialistas de los idiomas, y especialistas en elaboración de exámenes.

Berk-Seligson (2002) comenta que este examen comprende dos partes: una oral y la otra escrita, y solo las personas que hayan pasado el examen escrito podrán presentar el examen oral, que se aplica en un momento diferente. Las estadísticas exponen que solo el 4% de las personas que en 1986 tomaron el examen lo pasaron completo. La nota mínima de aprobación es entre 76 y 78% de respuestas correctas. La mayoría de las preguntas tienen que ver con vocabulario, sinónimos y significados. Así, el examen en inglés comprende preguntas características de pruebas de postgrado, a diferencia del examen en español, que comprende más bien un vocabulario de un nivel de dificultad mucho más bajo. La sección correspondiente a la comprensión lectora, comprende cuatro pasajes de 400 palabras y constituye el 20% del valor del examen. Otra parte que también constituye un 20% del valor del examen es la correspondiente al uso de los idiomas. La última parte comprende el conocimiento de expresiones idiomáticas y dichos. El examen escrito evita la terminología legal y se avoca al vocabulario de colegio, escritura formal, etc., y el examen oral se avoca a examinar la terminología legal y la capacidad de interpretación.

Si bien se practican tres tipos de interpretación, continúa Berk-Seligson (2002): simultánea, consecutiva y resumen, el Comité Judicial del Senado, que acompaña a la Ley de Intérpretes Jurados, recomienda el uso de la consecutiva en general. Este tipo de interpretación consiste en que el hablante dice un fragmento y espera en silencio mientras el intérprete lo dice en inglés, sin superposición de voces; de la misma manera sucede con las preguntas del juez y de los abogados. Lo que menciona el intérprete será en definitiva lo que queda registrado en el juicio, más lo que se mencione en otro idioma, no será tomado en cuenta ni será registrado.

En la interpretación simultánea sí hay superposición de voces, y se usa más que todo para interpretar al acusado o litigante lo que las demás personas dicen en inglés durante el juicio. La interpretación de resumen es la menos preferida y se limita a testimonios altamente técnicos en terminología legal, puesto que en este tipo de interpretación se condensa lo dicho en la lengua de salida y se resume en la lengua de llegada (Berk-Seligson, 2002).

Algunas tareas de un intérprete juradas según Susan Berk-Seligson (2002) son las siguientes:

  • Traducir documentos para los abogados y para las cortes durante las horas en las que no tiene que estar en una sala de juicio.
  • Traducción a la vista, echar un vistazo a un texto para luego repetirlo en voz alta para que el reportero de la corte lo grabe. Esto se hace para el beneficio de la corte o el del acusado. Por lo general, se usa para leer documentos, como informes policiales, testamentos, etc.

Estas habilidades también son examinadas en el Examen de Intérprete Jurado. Sin embargo, la cualidad que define a un intérprete de alta calidad es aquel con la capacidad de mantener el tono y el estilo del discurso original. Por ello, se esperaría que si un testigo está hablando con lenguaje de barrio, el intérprete lo haga también con expresiones idiomáticas en el mejor equivalente en el idioma de llegada (Berk-Seligson, 2002).

Para la adquisición de las habilidades propias de un intérprete jurado de alta calidad, muchas instituciones y universidades han desarrollado programas de educación continua tomando en cuenta que ser intérprete jurado es una profesión altamente especializada que requiere de mantenimiento y actualización, y que hay una diferencia marcada entre contratar a un intérprete autónomo y un intérprete jurado, debido a que el conjunto de conocimientos y habilidades de este último es el resultado de no solo ser bilingüe, sino también de haber adquirido las habilidades técnicas para la interpretación junto con vasto conocimiento de vocabulario.

La metodología de estudio utilizada es la observación etnográfica, la cual Berk-Seligson (2002) define como un enfoque antropológico para la descripción de grupos culturales. Con base en la noción de Hymes (1962), citado por la autora del libro en cuestión, sobre la “etnografía del habla”, que legitima la posibilidad de estudiar “las formas de hablar” de cualquier grupo social o cultural, incluso el de la sala de un tribunal, para los etnógrafos, de la misma forma como pudiese estudiarse un grupo de jóvenes de un área suburbana de los EEUU, una tribu africana o una sociedad de una isla Polinesia, la autora estuvo por espacio de 7 meses, desde el otoño de 1982 hasta la primavera de 1983, visitando salas de tribunales para grabar un total de 114 horas de procedimientos judiciales en casetes. Estas grabaciones incluyen toda la gama de procedimientos judiciales en las salas de los tribunales en las cuales los intérpretes realizan con regularidad sus comparecencias oficiales: comparecencias iniciales, audiencias preliminares, denuncias, alegatos, mociones previas al juicio, los mismos juicios, y las sentencias. Aquellas intervenciones de los intérpretes en las que existía un acuerdo de confidencialidad sea de cliente/abogado o cualquier otro, no están incluidas en este estudio.

Estas observaciones etnográficas estuvieron acompañadas de anotaciones detalladas y largas entrevistas a intérpretes jurados y abogados que manejan casos en los que regularmente existe la intervención de intérpretes. Las entrevistas realizadas a abogados defensores y fiscales, por lo tanto, representaron una muy importante fuente de información de cómo la intervención de intérpretes puede afectar el método normal de funcionamiento de un abogado durante un juicio. El trabajo de campo se realizó en 9 juzgados repartidos entre federales, estatales, municipales y de justicia de paz. Y un total de 18 intérpretes fueron observados: 12 eran mujeres y 6 eran hombres; 6 de los 18 eran certificados federales y 6 trabajaban a tiempo completo en sus juzgados únicamente en calidad de intérpretes jurados oficiales. Otros 6 trabajaban oficialmente en calidad de algo más en sus juzgados, pero regularmente solicitados por los jueces para actuar como intérpretes. Una última categoría de 6 individuos estaba constituida por intérpretes de trabajo autónomo que eran contratados y solicitados al momento. Las razones por las que se escoge un tipo de intérprete y otro dentro de estas categorías, se ven determinadas por una parte por el presupuesto del juzgado y, por otra parte, por la disponibilidad de intérpretes de trabajo autónomo en la localidad.

Entre los retos que la autora del libro en cuestión enfrentó para la recolección de la data, se pueden mencionar los siguientes:

  • La hora de los procedimientos: hubo dificultad para asistir a todas las sesiones posibles en las que estaba involucrado un intérprete jurado, pues mientras algunos juzgados programaban las sesiones de los testigos, por ejemplo, y se llevaban a cabo a la hora acordada, otros juzgados no cumplían con la programación. Además, había oportunidades en las que 3 sesiones de intérpretes jurados se realizaban en simultáneo. Por ello, era frecuente que alguna se quedara por fuera del estudio.
  • La posibilidad de grabar dentro de la sala del tribunal: no todos los jueces, abogados, acusados, testigos y jurados estaban dispuestos a ser grabados. Por ello, la dificultad radicaba en que todos estuviesen de acuerdo en dejarse grabar para propósitos de este estudio.
  • La transcripción de los casetes: se recolectó un total de 76 casetes de 90 minutos cada uno, para sumar un total de 114 horas de grabación. Se utilizaron hablantes nativos monolingües de inglés y estudiantes latinos que se graduaron de bachillerato en su país latino de origen y tuvieron una educación en español, de manera de que cada grupo se enfocara en su idioma. Esta parte de la transcripción tomó 4500 horas. Luego, se contrató un segundo grupo de transcriptores con características similares para escuchar y corregir los textos ya transcritos, así como llenar los vacíos que la primera transcripción haya dejado. Este trabajo de corrección tomó unas 2000 horas.
  • Observación participativa en programas de entrenamiento para intérpretes jurados: la autora tomó un curso intensivo de 140 horas en uno de estos programas de entrenamiento y tres conferencias de asociaciones de intérpretes jurados. También participó en la Escuela de Verano para Intérpretes Jurados de la Universidad de Arizona en el verano de 1983 como entrenamiento complementario en interpretación consecutiva, simultánea y de susurro, además de otros temas específicos de esta área profesional que sirvieron para darle una idea concreta del cómo debe ser un buen intérprete jurado.

Susan Berk-Seligson (2002) se refiere a la alternancia de mecanismos de evasión de la culpa inducida por el intérprete. Argumenta que la construcción verbal de la voz pasiva en español tiene 3 formas de escribirse, una verdadera, otra falsa y la impersonal. Ella llama a la voz pasiva a la que se construye con el verbo “paciente + ser + verbo principal en pasado participio + objeto + por + agente”; sin embargo, comenta que tanto la voz pasiva reflexiva (ver letra (b) en la Figura 1), como el dativo de interés (ver letra (c) en la Figura 1) tienen una misma construcción, y esta es “ser + verbo principal en voz activa + objeto”, sin agente. La tercera es la forma impersonal en la que se hace uso de la tercera persona del plural de manera implícita; por ejemplo, ver letra (e) en la Figura 1. Susan Berk-Seligson (2002) propone que la diferencia entre la voz pasiva, el pasivo reflexivo, el dativo de interés y la forma impersonal en español es el nivel de responsabilidad en que la acción es realizada por un agente no identificado, agregando una opción (d) de voz pasiva verdadera como sigue: “El vaso fue roto (por Juan) (The glass was broken (by John))”.

En cambio, en inglés la voz pasiva tiene una única construcción “paciente + to be + verbo principal en pasado participio + objeto + by + agente”. Tanto en español como en inglés se puede prescindir del agente, puesto que la intención de esta construcción gramatical es la de darle mayor importancia al paciente, el cual es sobre quien recae la acción, y minimizar la importancia al agente, el cual es quien realiza la acción.

Figura 1

Figura 1. Fuente Susan Berk-Seligson, 2002.

            En el trabajo del intérprete durante un juicio, este debe escoger la opción más adecuada para la traducción de las preguntas en voz pasiva que el abogado interrogante realiza, de manera de interpretarlas en la medida de sus conocimientos, lo más acertadamente posible en términos de significado. Por lo tanto, si un abogado realiza una pregunta en inglés en voz pasiva que incluye el agente, el intérprete debe escoger la llamada “voz pasiva verdadera”, incluyendo el agente.

Un ejemplo en la sala de juicio sobre este argumento es como sigue a continuación:

“(1) ATTORNEY: Sir, do you remember when you were apprehended by the border patrol?

(2) INTERPRETER: ¿Se acuerda usted, señor, cuando lo aprehendieron a usted los patrulleros de la frontera?

(3) WITNESS: Sí.

(4) INTERPRETER: Yes.

(5) ATTORNEY: Where was it that you were apprehended by the border patrol?

(6) INTERPRETER: ¿En qué lugar fue usted aprehendido por los patrulleros de la frontera?

(7) WITNESS: En la garita.

(8) INTERPRETER: At, at the port of entry.

(9) ATTORNEY: Sir, after you were apprehended by the border patrol, did ya give a sworn statement under oath to an agent of the border patrol?

(10) INTERPRETER: Después de que fue usted apre-, aprehendido por los patrulleros de la frontera, dio usted una declaración jurada a uno de los patrulleros?

(11) WITNESS: Sí.

(12) INTERPRETER: Yes…”

En este ejemplo se observa que la intérprete escoge la forma impersonal en la que la responsabilidad de la acción recae en cierta medida sobre el agente, en este caso, los patrulleros de la frontera. Tomando en cuenta lo aquí comentado, a continuación la Figura 2 en la que se diagrama el nivel de atribución de responsabilidad de los 5 casos presentados arriba en la figura 1:

Figura 2

Figura 2. Atribución de responsabilidad sobre un agente.

Fuente Susan Berk-Seligson, 2002.

            La elección de la forma pasiva del intérprete puede ayudar a la percepción de la evasión de la responsabilidad de quien realiza la acción a la hora de una declaración con el uso de tal forma de la voz pasiva en español. En el ejemplo, el testigo al escuchar esta interpretación, es posible que se relaje un poco, pues podría percibir cierta responsabilidad sobre los patrulleros de la frontera en la situación en la que el testigo se encuentra. Las razones de la escogencia de esta forma de voz pasiva en lugar de la que la autora llama “verdadera” deben indagarse en los antecedentes de la intérprete, su manera de pensar ante las situaciones que escucha sobre los diferentes testigos que entrevista durante su investigación previa al juicio, si tiene alguna afinidad, etc. Y esto no quiere decir que este cambio haya sido intencional o inconsciente. Muy probablemente no se haya dado cuenta de ello, de acuerdo con lo que Berk-Seligson (2002) argumenta, puesto que parte de la investigación reveló en las entrevistas a los intérpretes jurados estudiados que es posible que tengan cierta afinidad con un testigo, con el abogado, entre otros factores.

Por otra parte, se observan durante el estudio casos de interrupciones del intérprete durante el testimonio del acusado, omisiones de palabras repetidas por el acusado o testigo, reducción de la extensión de la declaración, disminución del tono en la lengua origen en el de la traducción:

“PROSECUTING ATTORNEY: And where did he meet you?

INTERPRETER: ¿Y en qué lugar se encontraron ustedes con este mexicano alto?

WITNESS: Yo recién lo había visto en la, en la cerca.

INTERPRETER: I had seen him at the fence.

………

PROSECUTING ATTORNEY: Where were you at when you first saw Mr. Hawkins?

INTERPRETER: ¿Dónde estaba usted la primera vez que usted vio al señor Hawkins?

WITNESS: La primera vez, la primera vez estaba en la camioneta.

INTERPRETER: The first time was at the station wagon or small truck.”

Cabe destacar que, como se menciona en páginas anteriores, lo que se registra en su totalidad y se toma en cuenta para el curso de cualquiera de los procedimientos legales estudiados es lo que dice el intérprete. Por lo tanto, estos cambios pueden hacer ver al acusado menos convincente, menos confiable, más culpable, entre otras percepciones, así como también alterar la percepción de los jurados sobre las declaraciones de los testigos.

Para ilustrar aún más lo mencionado arriba, este estudio también contempló que, en los simulacros de jurados, los miembros reaccionan de manera subjetiva ante las palabras de cortesía que los acusados enunciaban. Sin embargo, en ocasiones el intérprete no las traducía siempre, sino ocasionalmente. Esto cambió la percepción del jurado de simulacro en varias oportunidades. Los atributos tomados en cuenta en esta parte del estudio fueron convincente, competente, inteligente, y confiable. Aquellos testigos que mencionaron palabras de cortesía y el intérprete las tradujo en su totalidad, fueron percibidos como más convincentes, más competentes, más inteligentes y más confiables que los que el intérprete no los tradujo a pesar de que sí las mencionaban en su lengua origen. También ocurrió lo contrario, el testigo no mencionaba palabra de cortesía, sin embargo el intérprete las agregaba, y mostraba entonces con ello una percepción mucho más positiva ante los jurados.

“PROSECUTING ATTORNEY: And how old are you?

INTERPRETER: ¿Qué edad tiene usted?

WITNESS: Veinte años. (Twenty years old.)

INTERPRETER: I am twenty years old.

PROSECUTING ATTORNEY: And what is your occupation?

INTERPRETER: ¿Y cuál es su oficio de usted?

WITNESS: Trabajar en el campo. (Working in the fields.)

INTERPRETER: I am a laborer in the fields.

PROSECUTING ATTORNEY: Of what country are you citizen?

INTERPRETER: ¿De qué país es usted ciudadano?

WITNESS: De Michoacán. (Of Michoacán.)

INTERPRETER: I am from the state of Michoacán.”

Esta forma en que el intérprete enuncia las respuestas del testigo es hiperformal; sin embargo, la forma en que responde el testigo es más bien consultativa y casual.

Una de las conclusiones a las que la autora llega es que, de las variables que han sido exploradas como el foco del estudio experimental, las relacionadas con interrumpir al abogado, interrumpir al testigo que testifica, e incitar al testigo, parecen tener menos impacto que aquellas variables relacionadas con el testimonio en sí, como haciéndolo menos cortés, o excesivamente formal, incluir evasiones, o cambiando el caso del verbo (voz activa por voz activa y viceversa), y aún mayor impacto aquellas alteraciones que el intérprete deja en algún aspecto pragmático de las respuestas del testigo. El estudio no muestra por qué esto es así, pero si muestra que hay una diferencia fundamental en las acciones del intérprete en las que actúa como una parte independiente en las interacciones entre el testigo y quien le examina, en relación con aquellas en las que simplemente está replicando al testigo y a quien lo examina.

En efecto, el estudio elaborado por la autora del libro The Bilingual Courtroom, Susan Berk-Seligson (2002), ha sido realizado de forma tan detallada que provee evidencia irrefutable de que, a pesar de que los intérpretes jurados del sistema federal de los Estados Unidos de América están muy bien preparados, y se les exige una educación continua para seguir ejerciendo su profesión una vez certificados, son un obstáculo para el curso regular de un juicio, puesto que no son del todo invisibles, son seres humanos que en ocasiones necesitan entender muy bien lo que escuchan para interpretarlo, y que pueden tener algún tipo de inclinación en contraposición de la imparcialidad que merece y debe ejercer en su rol. Sin embargo, ciertamente es un estudio que aporta un pilar fundamental en la reestructuración y orientación que deben implementarse en los programas de especialización de los intérpretes jurados para optimizar su rol dentro de las salas de juicio.

[1] New Jersey Supreme Court Task Force on Interpreter and Translation Services. (1986) Equal Access to the Courts for Linguistic Minorities. (New Jersey: Supreme Court of New Jersey). Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

[2] Berk-Seligson, Susan (2002) . Appendix 6.

[3] Idem

[4] Idem.

[5] Idem.

[6] Berk-Seligson, Susan (2002) . Chapter 5.

BIBLIOGRAFÍA

Berk-Seligson, Susan (2002) The Bilingual Courtroom: court interpreters in the judicial process: with a new chapter. (Chicago: The University of Chicago Press). Edición Kindle. Recuperado el 22/01/2017 del sitio web https://read.amazon.com/?asin=B00KLX5JCK

Danet, B. (1980a) Language in the legal process. Law and Society Review. 14:445-564. Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

Hymes, D.H. (1962) The ethnography of speaking. In T. Galdwin and W.C. Sturtevant, eds., Anthropology and Human Behavior. (Washington D.C.: Anthropological Society of America). Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

Joos, Martin (1967) On communicative competence. In J.B. Pride and J. Holmes, eds., Sociolinguistics; Selected Readings. Harmondsworth, England: Penguin Books. Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

New Jersey Supreme Court Task Force on Interpreter and Translation Services (1986) Equal Access to the Courts for Linguistic Minorities. (New Jersey: Supreme Court of New Jersey). Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

O’Barr, W.M. (1982) Linguistic Evidence: Language, Power, and Strategy in the Court-room. New York: Academic Press. Citado por Susan Berk-Seligson (2002).

Recursos on-line:

 

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